Recuperar la voz

Interesante nota publicada en la agencia de noticias TELAM.

Buenos Aires, 19 de enero (Télam, por Viviana Ponieman).- Reclusos de la unidad 31 de la cárcel de mujeres de Ezeiza y de la unidad 26 del complejo de detención de jóvenes adultos de Marcos Paz que participan de un taller de pensamiento lanzaron recientemente el tercer número de la revista ELBA, una iniciativa que aborda cuestiones como el poder y la mirada del otro.

La publicación surgió en el transcurso del taller «Los bordes andando», que comenzó en agosto del año 2008 con las mujeres de la Unidad 31 de Ezeiza.

El primer número de esta revista, en la que se publican reflexiones de quienes participaron de los encuentros, fue editado en abril de este año, mientras que en mayo se sumaron los jóvenes adultos de la Unidad 26 de Marcos Paz.

Un puzzle, rompecabezas de la existencia, ellos y ellas dentro de la cárcel, leen «Vigilar y castigar» de Michel Foucault, y escriben acerca de su propia experiencia de adentro y afuera, también sobre el poder.

Yonathan, uno de los integrantes de la publicación, escribe: «El poder deja de ser él mismo cuando el débil toma coraje».

Uno de los segmentos que incluye es «La mirada», donde escriben sobre la mirada vigilante, persecutoria, sobre la propia mirada, la de la infancia, la de la madre, o «acerca de la mirada del otro», como asegura a Télam un interno de 22 años.
ELBA les ofreció a este grupo de reclusos la oportunidad de encontrarse con otros, que tal vez no saben que son presos. Ellos se sienten con el traje a rayas, con el estigma de estar presos, y de ser jóvenes. Casi todos terminaron su primaria adentro, y están estudiando el secundario.
Del grupo de mujeres que son mayores, algunas, como la flaca de pelo largo, 50 años y salidas una vez por semana, para ver a sus 5 hijos y concurrir al taller de serigrafía. Ella, súper entusiasmada, baila, canta, y cuenta que uno se puede aferrar a muchas cosas, a las drogas, al hombre que se ama, o a los hijos.
Como los suyos ya son grandes, están bien y los tiene cerca, entonces decide que quiere seguir ligada al grupo, para colaborar con la banda, y con los talleres, como Yair, otro joven que estuvo 6 años adentro, y ahora es un entusiasta promotor de actividades
dentro y fuera del Servicio Penitenciario Nacional. Con la claridad de que lo difícil no es sólo salir, sino vivir afuera.
Otra joven, de 30 años, que ya está en la calle, quiere seguir participando del taller porque le hace bien. Vino especialmente y admite estar bastante confundida y abrumada. Tal vez éste sea su único grupo de pertenencia.
El Chino, Luis Sanjurjo, líder de la banda Pléyades y filósofo en acción escribe en la revista: «durante 2010 leímos «Vigilar y Castigar» tratando de inspirarnos en esa micropolítica que invita a una guerra de guerrillas libertaria cuyo primer blanco es uno mismo, en función del encuentro con las compañeras y los compañeros del taller, para componer una multiplicidad de resistencias basada en libertades y felicidades quizás pequeñas pero concretas.
La publicación no es más que una caja de herramientas en donde la cárcel es una excusa para pensar cómo funciona la sociedad en la que vivimos. Y con algunas ideas propuestas allí entendimos que ni las conquistas ni las derrotas son eternas o definitivas,
tanto «adentro» como «afuera».
«Veo el entusiasmo y el resultado de estos talleres que comparto. El tiempo y el esfuerzo puesto para que esto suceda, pedir autorización a los jueces de cada preso, organizar los traslados, etc. Pienso en la cultura como creadora de posibilidades
y albergue de identidades. No somos todos iguales, pero sí tenemos los mismos derechos», indica Sanjurjo.
Y aquí se ve que cuando el Estado está presente, a través de este programa creado oficialmente este año, con el primer Centro Cultural dentro del ámbito carcelario, para dar continuidad a los talleres, y al trabajo sostenido por artistas, educadores, y hasta
ex presos que creen en la pedagogía del oprimido. Con la apertura mental para vincularse y la convicción de que la cultura es un arma de transformación.
«Recuperar la voz es el primer paso. Y acá estamos, cambiando de posición y ocupando nuestro lugar de `sujetos de comunicación , devolviendo la mirada multiplicada», explica Sanjurjo.
Y en este caso se trata de intentar reparar y trocar el abandono en contención, en pensamiento crítico y en construcciones político -poéticas.
Como dice la contratapa de este tercer número de la revista ELBA: «SER no es lo mismo que estar preso». (Télam)